HISTORIA DE VIDA

Eucari, un ejemplo a seguir.

Doña Eucari, es una mujer aguerrida, fuerte y sonriente, madre cabeza de familia, a quien le asesinaron su esposo Alcibiades el 4 de mayo del 2000 en el municipio de Miranda, Cauca. Luego del trágico suceso, y tras las amenazas de grupos al margen de la ley, fueron desplazados junto con sus tres hijos.

Hoy vive en zona rural del municipio de Santander de Quilichao, con 2 de sus 3 hijos, con las “niñas”, como ella aún llama a sus hijas, además con sus dos nietos de 4 y 10 años. .

“Para subsistir, estuve mucho tiempo trabajando por fuera de mi casa, en casas de familias, pero no pude continuar, pues María Alejandra, mi hija menor, tiene síndrome de Down, y no me aceptaban ir con ella a trabajar”. Afirma doña Eucari, rememorando los días en que se vio obligada a dejar a su hija a solas.

Ella es una de las 491 personas beneficiadas por el proyecto “Reconstruyendo el Tejido Social en Comunidades y Familias para la Convivencia y la Paz en norte del Cauca”, financiado por Ayuda Humanitaria Alemana, Pan Para el Mundo y Diakonie katastrophenhilfe e implementado por Tierra de Paz.

Hoy, luego de muchos años de vivir en su casa hecha de esterilla de guadua y a punto de caerse, contempló su hogar más seguro, más digno. Gracias al proyecto, se realizó el mejoramiento de su vivienda, una inversión de sueños, de trabajo, de equipo. “Hace 4 meses tumbamos mi casa, y con la ayuda de este proyecto, la comunidad religiosa y algunos familiares, logramos construir mi casa de nuevo, ahora nos sentimos más seguras, más felices”..

Como parte del paquete de apoyo y junto a los beneficiarios, el proyecto identifica las posibilidades que tienen para sacar adelante proyectos productivos, un plan que pueda servir económicamente a la manutención de las familias. De esta manera, se le hizo entrega de un montaje para taller de modistería, entre ellos una máquina de coser plana industrial, con el que hoy Eucari y una de sus hijas, trabaja. “Le cosemos a varios talleres, y tenemos varios pedidos, sobre todo de la comunidad cristiana, esto nos ha permitido generar más ingresos y mejorar nuestra calidad de vida”.

“Ahora puedo atender a mis hijos y nietos, estar más pendiente de ellos y de mi hogar, ahora somos más felices que antes” finalizó diciendo doña Eucari, mientras abrazaba a María Alejandra, su hija menor.